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Expectativas en torno a la candidatura de Sergio Massa

El orden y la unidad planteada alrededor de Massa podría ser un gran acierto que, claro está, no garantiza la victoria. El peronismo y sus aliados ofrecen lo mejor que tienen. Esta es su oferta más competitiva. La suerte está echada.  sharethis sharing button

Dos meses atrás, el escenario político era otro: Alberto Fernández todavía pretendía su re-elección; el operativo clamor era la noticia de todos los días, Daniel Scioli no daba pie con bola en su campaña y Wado de Pedro no estaba entre los considerados. Juntos por el Cambio aún no había iniciado su despiadada lucha interna y Javier Milei era la sorpresa que provocaría una avalancha del  voto popular en todo el país. La cantidad de sucesos que han ocurrido en estos 60 días son demasiados para encontrar que las opiniones políticas de dirigentes y analistas tengan coherencia. Sin embargo. hay un hilo conductor sobre el que se puede seguir la hoja de ruta, por lo menos en el oficialismo.

Cuando Alberto Fernández bajó su candidatura, un sector político del peronismo lo interpretó como una clarísima victoria política. Sin embargo, la promesa de dar PASO fue un detalle subestimado completamente por la dirigencia política peronista. Sobre ese detalle se montó la estrategia del presidente. La reunión en la cual Axel dio su conferencia de prensa y en la que los gobernadores estuvieron en su mayoría vía Zoom, tuvo la prepotencia de quienes no son consientes de que, en política, la materia no es irreductible. Cristina, por su parte, y habiendo renunciado ya a su candidatura, conocía de antemano que el operativo clamor estaba destinado al fracaso, principalmente porque no era ella quien lo empujaba sino Máximo Kirchner y La Cámpora.

La renuncia por segunda vez a su candidatura -que obstinadamente no fue escuchada y que llevó al deslucido aunque multitudinario acto del 25 de Mayo-, insinuó la posibilidad de forzar una candidatura. Wado de Pedro, representante de los hijos de la generación diezmada, era el elegido. Sin embargo, la debilidad del candidato rápidamente fortaleció el desafío. A pesar de sus méritos, De Pedro no tiene el suficiente capital político para forzar la unidad y el poder de CFK se reveló intransferible. La rutinización del carisma, nos advertía Max Weber hace ya un siglo, es dificultosa. Heredarlo prácticamente es imposible, por más actitudes imitativas que se tomen.

La forzada candidatura de Wado casi adelanta las elecciones internas en la provincia de Buenos Aires. La unidad, entre otras cosas, evitó que explote dentro del distrito donde reside el poder de La Cámpora un movimiento que desafiaría a la cuestionada judicialmente conducción de Máximo. Esta es, en definitiva, la razón política de la unidad.

La otra causa, es sin duda la económica. Finalmente el peronismo planteó el año electoral como una carrera de postas. La primera posta era mantener el frente político unido. El 11 de junio la transformación del Frente de Todos en Unión por la Patria evitó que estalle la crisis y que el ministro de Economía salga eyectado con la consecuente crisis que semejante suceso provocaría no sólo para el gobierno. sino para el futuro político de todos los que actualmente tienen roles de conducción.

La segunda posta era la posibilidad de sostener una lista de unidad. Wado de Pedro no representaba una candidatura robusta que pudiera generarla. Solo dos personas tenían esa cualidad: Axel y Massa. La negativa del gobernador de Buenos Aires derivó finalmente en la candidatura del tigrense. La unidad, que siempre es más difícil, genera la tranquilidad suficiente para transitar estos meses hasta las PASO pero, a su vez, ante las internas de Juntos por el Cambio y el deterioro de la candidatura de Milei, Sergio Massa será el candidato más votado en las primarias aunque su frente político pueda no salir victorioso. La expectativa de poder genera poder y la posición del ministro se fortalece. La situación es tan positiva que podría haber calma hasta octubre. A decir verdad, si la realidad le da la espalda al oficialismo, ocurrirá en las elecciones generales. Aún así, las posibilidades de alcanzar el Ballotage son enormes. El cierre de listas tuvo la virtud de lograr la sensación de que el gobierno llega cómodo a finalizar su mandato, cosa que hace no mucho estaba en duda. Sin duda ese era el objetivo del presidente y está aparentemente cumplido. Todo lo que viene ocurriendo, en definitiva, es a favor de los objetivos políticos del presidente que ansía culminar bien su mandato. Ese es el hilo conductor que explica todo este proceso.  

El candidato, entonces, tiene 4 meses para trabajar. El doble del tiempo que sus adversarios que disputaran el 13 de agosto una verdadera guerra electoral. Massa tiene en las PASO un desafío solamente testimonial. Pesa si, sobre el candidato, una enorme desconfianza. Sobrevuela sobre sí la idea de traición. Curiosamente, en estos 4 años, todos han traicionado al presidente menos el ministro de Economía. Incluso algunos le han hecho la guerra a cielo abierto.

Una segunda e importante cuestión tiene que ver con la desconfianza que provoca en el peronismo llevar un candidato que no provenga del partido justicialista. Esta situación es novedosa mas allá de que la vida política y familiar de Massa está ligada al peronismo. Existen interrogantes sobre qué sucederá si el candidato finalmente gana.

Una tercera cuestión tiene que ver con el retorno de Milei. El espectáculo político que representó el cierre de listas opacó la figura del economista que tendrá en la campaña la posibilidad de retornar a la primera plana. ¿Cuántos votos habrá perdido? Muchísimos sin duda, pero aún es esperable que sostenga otros tantos. Es una pregunta que tendremos que esperar para responder. ¿A quién conviene un Milei poco competitivo y a quien uno con expectativas? Aún no hay respuestas claras sobre el que conviene a quién.

Por último, el traslado de votos de los candidatos derrotados de Juntos: ¿a dónde irían? Otra cuestión que no tiene respuesta fácil. La victoria de Bulrrich podría convenir a Massa. Pero una victoria de Larreta con un Milei expectante podría ser también interesante.

La pregunta podría ser sobre el voto de los espacios políticos: cuánto incide el candidato, cuánto el voto estratégico, cuánto afectan las posiciones relativas entre unos y otros. Existe una sobreestimación sobre el entrecruzamiento de votos. Todos los partidos y candidatos tienen estrategias. Los electores, en cambio, generalmente no.

El orden y la unidad planteada en derredor de Massa podría ser un gran acierto que, claro está, no garantiza la victoria. El peronismo y sus aliados ofrecen lo mejor que tienen. Esta es su oferta más competitiva. Si hay derrota tiene que ver con las dificultades que, luego de 4 años de gobierno, aún persisten y con el juego de la democracia. La suerte está echada.

Por: Nicolás Mujico – Politologo UBA- Maestrando en Defensa Nacional UNDEF

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