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Los caminos de Bullrich: desapego de Macri y acuerdo con Milei

Ascendente en las encuestas, Bullrich se sabe atacada de todos los frentes. La golpeó la denuncia contra el diputado y mano derecha suya, Gerardo Milman, porque Macri no lo tiene en su mejor consideración y puede usarlo para seguir dándole órdenes. Es su estilo.

Patricia Bullrich no mira para el costado: está decidida a anotarse como candidata a presidenta de Juntos por el Cambio, sin importar la decisión que tomen los demás.

No hablaba igual hace un año, cuando aclaraba que si Mauricio Macri se animaba a ir por la revancha daba un paso al costado. Eran días en que disfrutaba los elogios del ex presidente, que sonaban a mojada de oreja a Horacio Rodríguez Larreta.

Como adelantó esta columna, “correr a Macri” es la única coincidencia entre los dos presidenciables del PRO, pero aún están intentándolo. La interna entre ellos lo mantiene como líder y principal elector.

Ascendente en las encuestas, Bullrich se sabe atacada de todos los frentes. La golpeó la denuncia contra el diputado y mano derecha suya, Gerardo Milman, porque Macri no lo tiene en su mejor consideración y puede usarlo para seguir dándole órdenes. Es su estilo.  

Además, hacer campaña desmintiendo denuncias de espionaje ilegal y corrupción en su paso por el Ministerio de Seguridad no parecía ser la idea de Patricia. Y no le quedará otra.

Este fin de semana la titular del PRO usó sus contactos en los principales diarios para reiterar que Macri no influye en sus decisiones. Ya se lo había dicho cuando la citó a sus oficinas de Olivos para que diera explicaciones sobre sus frases contra Rodríguez Larreta.

Bullrich no abandona su línea de acción. Se ríe cuando escucha en televisión que Javier Milei define al jefe de gobierno y a la UCR como “palomitas”.

Y toma con agrado su invitación de armar un frente electoral común para competir. Por ahora la descarta y continúa con su hoja de ruta: ganar la interna de JxC y luego ir por los votos de Milei.

Dice que lo espera para un ballotage, pero lo cierto es que, con las primarias garantizadas, justamente porque el liberal no se animó a votar su eliminación, las terceras fuerzas se licúan en las elecciones generales.

Bullrich lo sabe y se imagina tomando lo que pueda de Milei en octubre, para garantizarse el resto en noviembre. Es su sueño. Pero antes debe ganar la primaria y si bien las encuestas le muestran que es posible, la política y el círculo rojo por ahora le dan la espalda.

No encuentran en su personalidad revulsiva una garantía de la estabilidad que necesitan quienes todavía hacen pie en este país. El cambio violento seduce menos de lo que parece.

Bullrich cree en el caos y lo dice, mientras que el jefe de Gobierno promueve un gran acuerdo nacional, en el que parecieran estar fuera los liberales y sus socios del PRO. Ya no resulta imposible una convivencia con el kirchnerismo, a través de su amigo Sergio Massa.

Larreta le hizo sentir el rigor de sus debilidades a Patricia en dos ocasiones. En enero, le preguntó de dónde sacaría los 100 millones de dólares necesarios para una candidatura presidencial. “No los tengo, pero te gano igual”, respondió la ex ministra.

A mediados de año se tomó una foto con los principales candidatos de las provincias. Varios habían hecho campaña con Patricia en 2021 pero le explicaron que Larreta les financia la campaña local.

Dinero y política valen más que los sondeos que muestran a Bullrich sólida arriba y llegan a manos de todos los dirigentes del PRO.

Pero ni aún con esos números, casi nadie quiere pasarse a sus filas. Ahí está el fracaso de Bullrich: no entusiasma a los propios. Ni el radical Alfredo Cornejo que caminó junto a ella desde 2019 está convencido de seguirla. Ya descarta ser su compañero de fórmula y habla de dejar pasar el turno electoral y ser ministro. De quien sea.

El mes clave es mayo, cuando se deben definir reglas de juego. Si hay fórmulas cruzadas, como parece, los apoyos locales serán claves para saber quién defenderá cada boleta en los cuartos oscuros.

Bullrich confía en llegar con chances de tener un soldado por urna y un electorado capaz de darle el triunfo. Si no puede competir, Milei la espera en un frente para una fórmula de ultraderecha. No es de las que se resigne a aceptar condiciones adversas sin dar pelea. Parece dispuesta a todo.

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