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River-Boca, la Superfinal en el exilio

Copa Libertadores

Habrá campeón de la Copa Libertadores en el Bernabéu cuando se enfrenten los dos grandes de Argentina.

La vida no será igual, según la pelota entre al arco de River o al de Boca. Uno gana, el otro pierde. Uno sólo será campeón de la Libertadores. No hay vuelta atrás. Con árbitro uruguayo y VAR, en 90 minutos, en la prórroga o en los penales, los gigantes cierran el capítulo más insólito y dramático del fútbol argentino en el exilio del estadio Santiago Bernabéu. Quién diría.

A fin de octubre se supo que habría duelo de mitología. El 11 de noviembre fue el 2-2 en la Bombonera al cabo de un partido abierto y electrizante. El 29 fueron los piedrazos al caballo de Troya boquense seguido del presente griego para los hinchas: suspensión, incertidumbre, denuncias y el cruce del Atlántico al destierro futbolero. Un absurdo.

La caravana inevitable añadió los temores por la presencia de las barras bravas de uno y de otro en Madrid. A las palabras naturales del juego se agregaron otras como «derecho de admisión», «deportación», «operativo de seguridad», una ciudad alerta mientras el circo espera una audiencia global de 200 millones de espectadores frente a las pantallas. Los casi 85 mil que estarán en el estadio serán testigos privilegiados de un partido histórico. Que cambiará la historia.

River campeón sumará la cuarta Libertadores a su vitrina, la segunda en el quinquenio bajo la gestión de Marcelo Gallardo quien pasará a tener piel inoxidable en el cariño de los hinchas. Muñeco amado.

En Madrid, los hinchas de Boca se hicieron sentir. (Marcelo Carroll, enviado especial)

En Madrid, los hinchas de Boca se hicieron sentir. (Marcelo Carroll, enviado especial)

Boca campeón tendrá su séptima Libertadores, igualando la cosecha de Independiente para ser también Rey de Copas. Y coronará la administración de Guillermo Barros Schelotto, héroe de la «era Bianchi» como jugador y bicampeón local como técnico. De bronce será, entonces. Mellizo querido.

El lenguaje beligerante de las últimas semanas llegó hasta el juego para hablar de la «batalla táctica». Esa que, se dice, Gallardo le gana a Schelotto. Y mientras velan las armas en secreto igual se sabe cuáles son las posibilidades de ambos. River y Boca hicieron el último ensayo. Boca por la mañana, River por la tarde. Nada que sorprenda.

Andrada; Buffarini, Izquierdoz, Magallán, Olaza; Nandez, Barrios, Pérez; Pavón, Abila, Benedetto fue el once inicial que probó el Mellizo. Eso indica un 4-4-2 con el «doble nueve» y Pavón volanteando. Pero luego puso a Villa por Benedetto y más tarde a Zárate por Villa lo cual habla de un 4-3-3 más clásico. Parecen haber perdido sus chances Cardona y Almendra y resurgir las de Zárate. Más claro parece lo de River: 4-3-2-1 o 5-3-2. Un solo cambio de nombre modifica el sistema. Armani; Montiel, Maidana, Pinola, Casco; Enzo Pérez, Ponzio, Palacio; Martínez, Fernández; Pratto. La variante es que ingrese Martínez Quarta por Fernández, entonces se arma línea de cinco con Maidana libre; Palacio mas retenido y Pity más adelante acompañando a Pratto. Cualquier otra cosa será una novedad. Qué será, será.

Los de River coparon la Plaza del Sol. (Marcelo Carroll, enviado especial)

Los de River coparon la Plaza del Sol. (Marcelo Carroll, enviado especial)

Y en ese TEG táctico, a lo impensado de la dinámica se le añade la «pelota parada» según indica la modernidad que se llama a los centros al área. de tiros libres desde las bandas, a los córners. Sufre River en defensa, pero tiene mejores pies en remates francos. Armani deja dudas al salir, Andrada, que tampoco da muchas garantías, aceptó dejar la mandíbula ante Cruzeiro. Hay más físico en los defensores de River, hay alturas parecidas. La pelota parada. Casi una moneda al aire.

Y entonces, el juego. Al fin hablar del juego aunque, curiosamente, sea poco recomendable predecir qué puede suceder en esto en parte sigue siendo «dinámica de lo impensado». Parejos, según el último antecedente, ¿quién tomará la iniciativa?, ¿cual irá a «buscar» el partido o preferirá esperar y responder? Los dos tienen mediocampo combativo, con más técnica en la salida de River, más gol en el ataque de Boca.

Si los técnicos se juegan parte de su prestigio (ya logrado) y la gloria, esos 22 también pueden jugarse el futuro en la memoria de los hinchas y en sus cuentas bancarias. La flor y nata de empresarios y ojeadores estará en el Bernabéu. Si Palacio ya es dado como hombre de Real Madrid, Pity Martínez, Borré, Pavón, Benedetto, Barrios, Abila y hasta el pibe Almendra y el chico Julián Alvarez, si juegan un rato, tendrán la mejor vidriera posible calculando un salto al mercado europeo. No hay un lugar mejor para ofrecer calidad que en una final.

Más o menos se sabe cómo River y Boca llegaron a Madrid. Lo que no está claro todavía es quién puso el dinero. Ni cómo fueron las gestiones de la Conmebol. Los dirigentes sudamericanos también ponen en juego su devaluada credibilidad. No puede salir más este experimento estrafalario de trasladar a Europa una final sudamericana. Pero si sale bien no hay que ser adivino que se tomará casi como una prueba piloto. Y también para los europes. La Liga ya tiene un proyecto de llevar Girona-Barcelona a Miami, por ejemplo. No sea cosa que el fútbol sea un espectáculo trashumante en los los años siguientes. Tal vez sea el futuro.

En Madrid se vive la previa de la gran final entre River y Boca

En el atardecer del verano porteño pero en la noche invernal española, River o Boca serán campeones de la Libertadores. El país futbolero estará en vilo hasta ese entonces. Es extraño. Será raro. Será inolvidable. Ojalá sea en paz.

fuente clarin

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